Introducción al documento “41 medidas” Por Carlos Ponte

El propósito de este documento es proponer iniciativas que, desde nuestro punto de vista, son necesarias para mejorar el acceso, la seguridad y la calidad en la utilización de los medicamentos y las tecnologías de la salud. Las propuestas se dirigen a diferentes protagonistas y niveles de decisión política, y contemplan distintos aspectos de su producción, comercialización y  consumo.

Las “tecnologías sanitarias”, pese a que el texto hace referencia casi exclusiva de los medicamentos, no se pueden entender de forma restrictiva. Comprenden las tecnologías “materiales”, propias de la medicina moderna, como el diagnóstico por  imágenes, los medicamentos, la robótica médica o la ingeniería genética, pero también las “tecnologías sociales” que afectan al funcionamiento del cuerpo humano o influyen en  los modos de vida, como pueden ser las dietas y tendencias alimentarias.

Las propuestas, aunque puedan parecer dispersas y heterogéneas, son parte de una estrategia integrada cuya finalidad es la superación del modelo vigente. Es decir, no pretenden naturalizar el mercado actual de la ciencia y las tecnologías médicas, para  corregirlo y hacerlo más justo, más efectivo o con mayor rigor en sus prácticas, sino refutar la reproducción del modelo y apostar por otros y nuevos paradigmas al servicio del bien común en la ciencia y las tecnologías de la salud.

Un escenario cambiante y complejo.

El proceso de industrialización de la medicina y la salud, que se ha producido con mucho retraso con respecto a otros sectores productivos, explica la penetración, y posterior supremacía, de las tecnologías sanitarias, especialmente las farmacéuticas. Sin duda, el factor determinante de la  evolución de la medicina en las últimas décadas.

Las tecnologías han traído poderosos recursos diagnósticos y terapéuticos con una incuestionable aportación a la calidad y la prolongación de la vida humana; pero, en contrapartida, dado que pertenecen al dominio del sector privado de carácter lucrativo, y desde una posición hegemónica, han diseminado la ideología del mercado y sus prácticas comerciales. En contradicción con la finalidad de la medicina, que no es otra que el mejor cuidado de los pacientes, la razón de ser de las corporaciones tecnológicas es el valor de las acciones y la responsabilidad fiduciaria contraída con sus accionistas.

El peso en el sector dela Saludde estas corporaciones, verdaderos lideres de la globalización, es tan decisivo que no es exagerado preguntarse, como hacia Marcia Angell en un editorial del  NEJM, en el año 2.000: “¿Está la medicina en venta?”, a la vista de la contaminación monetarista y mercantil, que deforma a la medicina y desafía su independencia y soberanía moral, al considerar que las ciencias de la salud, el conocimiento y la práctica profesional son mercancías objeto de compra-venta.


Investigación, educación y atención de la salud.

La influencia del mercado se ha extendido a todos los ámbitos de la salud; pero es en los ensayos clínicos en donde el solapamiento entre Industria y Medicina tiene un mayor significado, porque socava las propias bases del progreso científico y permite, por ejemplo, en el caso de las Farmacéuticas, su polarización hacia los medicamentos blockbuster y “me-too”, en detrimento de la innovación y de las necesidades reales de los pacientes..

Tampoco tienen las compañías farmacéuticas la finalidad de educar a los médicos. La financiación por parte de la industria de la educación médica continuada es una herramienta de marketing disfrazada de educación, sin relación alguna con la libertad y la crítica indispensables en este ámbito, aunque su ascendiente haya pasado en gran medida inadvertida durante muchos años. El proceso arranca en las Facultades de Medicina, en donde no hay limitaciones para los conflictos de intereses de los líderes académicos, permitiendo incluso la creación de cátedras patrocinadas directamente por la industria.

Ray Moynihan, ha sistematizado 16 formas de influencia como la “visita médica”, los sesgos de las guías clínicas, los denominados “lideres de opinión”, la financiación de revistas y sociedades científicas, etc. Entre ellas, cabe destacar el que muchas actividades preventivas, habituales en la consulta, son intervenciones sobre individuos sanos, con un beneficio poblacional marginal, que carecen de fundamento científico cuyos riesgos y costes son mayores que los beneficios.

Todas estas formas de influencia generan conflictos de intereses, en un contexto  habitualmente presidido por la opacidad, dañando  la  investigación, la educación y la atención médica. La medicina sólo podrá recuperar su credibilidad y soberanía con políticas proactivas de transparencia que permitan gestionar adecuadamente los conflictos de intereses. 

Sobre la industria y los profesionales de la salud.

Las corporaciones tienen una alta rentabilidad, superior a la media, si se comparan con otros sectores empresariales. Invierten masivamente en marketing (casi tres veces más que en investigación) y sus beneficios superan las inversiones en I + D, pese a la retórica de justificar los precios por los costos de investigación. Su gigantesco tamaño económico se traduce en una pujante influencia política, profesional y social; en contraste con los tiempos difíciles de las instituciones sanitarias, suplicantes de fondos para sus actividades.  Hechos  incontestables pero que no deben inducir a una simplificación intransigente que demonice y haga responsable de todos los males a la industria farmacéutica.

Las Compañías necesitan la complicidad de otros agentes de la salud (médicos, medios de comunicación, políticos…), no tanto para vender medicamentos como para vender enfermedades, con campañas que preparan el camino para vender medicamentos. De una parte, es la promoción adulterada de la enfermedad, pero también la introducción de medicamentos poco útiles que, en ocasiones, tienen terribles efectos adversos como ha ocurrido con la comercialización de Vioxx. En todo caso, no es nuestra intención el  prejuzgar el rol del mercado en el ámbito de la salud, sino determinar con claridad y rigor los límites y las normas que deben gobernar y gestionar la investigación médica, la educación y la práctica clínica.

 

Con respecto a los profesionales, la disyuntiva no es el altruismo, porque las personas que generan valor tienen intereses propios y la necesidad de ganarse la vida, pero hay otras motivaciones, no sólo el beneficio económico, como el bien común y el de los pacientes o el prestigio y la credibilidad de la comunidad científica. En todo caso, como afirma el manifiesto de Nogracias: “La plataforma no tiene vocación testimonial, su intención es incluir a los profesionales en la buena práctica, y no la condena o la confrontación, es recabar apoyos, dentro y fuera del ámbito sanitario, contando lo que ocurre con rigor y sin sensacionalismos, objetando las “ayudas” que lo son a corto plazo, pero que a la larga representan un elevado coste intelectual y económico, para una sociedad que quiere mantener y mejorar su estado del bienestar.”

Algunos retos de un futuro no tan lejano.

La gravedad de la  crisis económica iniciada en el año2008, hacolocado a la atención de la salud en Europa frente a viejos problemas que durante la bonanza de los estados de bienestar se suponían superados. Paradójicamente, junto a los recortes presupuestarios del gasto público que comprometen en Europa a la equidad, la calidad y la naturaleza pública de las prestaciones y servicios sanitarios; el gasto tecnológico mantiene precios e indicaciones sin apropiada relación con su valor  real, incluso con espacios de notoria ineficiencia y despilfarro. La forma y alternativas de salida de la crisis, es de capital importancia y el primero de los retos.

En segundo lugar, estamos asistiendo a cambios importantes en la ciencia y la tecnología médica. Por ejemplo, los derechos de propiedad intelectual ya permiten que nuestro material genético sea objeto de copyright y, por tanto, propiedad de otros. Convertir el conocimiento en propiedad en este ámbito, confronta directamente con los viejos valores de la ética y el humanismo (como la autonomía o el sentido de la dignidad.)  Esto es, la ciencia y la tecnología de la biología humana están traspasando la frontera de entender y reproducir los procesos naturales, para crear  nuevas formas de vida y dominar la naturaleza (la segunda naturaleza o  “Vida2.0”). Lo que nos sitúa ante un nuevo reto: la posibilidad de perder el control de los procesos naturales, y no sólo de los procesos sociales, económicos y políticos, como ha ocurrido hasta la fecha. 

Por último, en todo caso, es indudable que las tecnologías de la salud hunden sus raíces en los paradigmas biomédicos vigentes. Es decir, en la teoría y la práctica de lo que hacemos y aceptamos como establecido y científico. De forma que consideramos a la enfermedad como una  avería que nos aparta de la “normalidad”, desconectada de su medio cultural o social; o admitimos que el abordaje tecnológico y el hospital son las prioridades y principales respuestas de los sistemas sanitarios… Pero la realidad es tozuda, y ni la medicina es tan eficiente como pretende, ni tiene capacidad para explicar  la mayoría de los nuevos problemas e interrogantes. Todo apunta a que estamos en tiempos de cambio, en la transición de los viejos paradigmas a otros diferentes de carácter holístico, sistémico, sustentados en la ecología profunda. Quizás el reto fundamental.

Carlos Ponte

Presidente y miembro fundador de No Gracias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>